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Localización de: ¿Quién puede matar a un niño?

Imagen de homecinemaniaco
País: 
España
Lugar-localidad: 
Toledo
Ciruelos

Chicho Ibáñez Serrador rodó en Ciruelos (Toledo) una de las más recordadas películas de terror españolas. El municipio, elegido por sus casas encaladas y las calles sin asfaltar daban un aspecto mediterráneo y marinero a Almanzora, la supuesta isla en la que desembarcaba la pareja extranjera.

Narciso ‘Chicho’ Ibáñez Serrador aterrizó hace 40 años en Ciruelos. Un pueblo agrícola que estaba a punto de presenciar el entierro de Franco. Calles de tierra, paredes encaladas y puertas de madera pintadas de colores vivos y muertos. Poco más de 300 habitantes y un solo teléfono que funcionaba a manivela en el bar de la plaza. Con estos detalles, a buen seguro se le iluminaron los ojos al director que triunfaba ya por entonces con el programa de televisión ‘Un, dos, tres’. A un paso de Madrid, el equipo de ‘¿Quién puede matar a un niño?’ tenía la primera respuesta: la localización.
Argimiro, que pasea junto a la irreconocible plaza del Ayuntamiento del siglo XXI, cedió su tienda para el rodaje de una escena. Una hija suya participó también en las escenas. Por ello, vio por primera vez la película en 1976 en la sala del cine Stuart de Aranjuez. «Franco murió en el 75», recuerda para fijar la fecha exacta de la presencia en la cartelera en el mes de abril, ahora hace justo 40 años. Desde entonces, ha repetido cinco o seis veces más la experiencia de ver una de las más recordadas películas españolas de terror. «En cuanto me entero que la ponen por la tele, la veo», afirma.

Y la emisión debe de dar unos resultados de audiencia sobresalientes en esta pedanía de Yepes de poco más de 600 habitantes porque la fecha y hora circula inmediatamente por el pueblo. Por ejemplo, Matías la ha visto cinco veces y seguro que sigue exclamando: «Mira, Pablo». O Pedro. O Celeste. Porque muchos niños de Ciruelos participaron en el rodaje. Y también adultos, algunos de los cuales vivían en las casas-cuevas.

«Fue un acontecimiento muy grande», recuerda a sus 82 años Argimiro, un camionero que repartió toda su vida el vino de la zona. El equipo de rodaje apenas estuvo una semana en Ciruelos durante el verano de 1975, pero el recuerdo de la llegada de la gente del cine a aquel pueblo de agricultores sigue vivo. Muy vivo. No en vano, la mayoría de las imágenes de la película pertenecen a las calles o interiores del pueblo que fue.
Juan Antonio, un albañil de 50 años, presume siempre que puede de que participó en esta película prestigiosa. «Una experiencia así no se te olvida nunca», afirma recordando los trucos del rodaje para convertir a Ciruelos en la isla de Almanzora. Con nueve años, aparece en algunas escenas del largometraje y rememora vívidamente esa semana de rodaje en un pueblo ya muy maquillado. «Lo ves todo tan cambiado», apunta.

El alcalde, Antonio Téllez, aún no vivía por entonces en Ciruelos, pero se conoce al dedillo la película. Recorre el pueblo modernizado, cuya población se ha duplicado en estos 40 años, y ensarta en la conversación las imágenes rodadas en cada calle. El bar de la plaza y la calle Alta se conservan tal cual, con la cal desconchada como testimonio vivo del paso de los 40 años. La calle Alta figura en el imaginario de los espectadores porque allí se rodó una de las escenas más escalofriantes y recordadas: la piñata.

‘Chicho’ Ibáñez Serrador alcanzó el reconocimiento con este largometraje, segundo y último de su carrera. Logró el premio de la Crítica del Festival francés de Avoriaz. Seis años antes, había firmado su primer largometraje, ‘La residencia’, también de terror. En 1975, el creador del programa de TVE ‘Un, dos, tres’ había recibido ya el reconocimiento del público por este programa y por la serie de ‘Historias para no dormir’. «Trataba con todos», comenta Argimiro sobre la actitud del realizador con los 333 vecinos de Ciruelos de entonces.

«Siempre tienes el sabor de ver la película», afirma el alcalde de Ciruelos, que por entonces tenía 14 años, aunque residía en Madrid. No obstante, apunta que los vecinos «guardan el cariño» de haber participado en un largometraje. «Era un pueblo muy blanco y sin mucho asfalto, que mantenía ese encanto y que coincidía con las casas de los exteriores, que eran escenas de mar», subraya el regidor. Y recuerda Argimiro: «Donde está ahora la farmacia, hicieron como si Ciruelos tuviera mar». Ahí se obró la magia del cine y el montaje.

La película ‘¿Quién puede matar a un niño?’, que incorpora un interrogante en el titular como si fuera una apelación al espectador, se basa en una novela de Juan José Plans, aunque el guion está firmado por Luis Peñafiel, alias artístico de Narciso Ibáñez Serrador. Clásicos del cine español como el actor Antonio Iranzo o el director de fotografía José Luis Alcaine participaron en esta obra que ha alcanzado un rango notable en el cine español. El compositor de música Waldo de los Ríos firmó su último trabajo para el séptimo arte.

La trama presenta a una pareja de turistas extranjeros que viaja a la costa española para disfrutar de una isla. El viaje se torna desconcertante y después aterrador cuando ambos empiezan a darse cuenta de que los únicos habitantes son niños. Ni Tom ni Evelyn son bienvenidos.

El paisaje de Ciruelos se ha modernizado en estas cuatro décadas, aunque tardaron en ser asfaltadas las calles y en extenderse el predominio del ladrillo sobre la cal. Sin embargo, ahora se encuentran con cuentagotas las viviendas encaladas que daban un aspecto mediterráneo y marinero a Almanzora, la supuesta isla en la que desembarcaba la pareja extranjera. No obstante, hay excepciones, como la calle Nueva, que conserva el encanto de ese pueblo que veía por las noches alejarse a la caravana del cine para volver a rodar al día siguiente.

Desde entonces, Ciruelos alimenta los recuerdos de una época con otros antecedentes en los setenta como escenario del mundo del cine, fascinado por un pueblo que por entonces mantenía un aspecto de antaño.

Texto completo: http://www.latribunadetoledo.es/noticia/ZA34E179E-D236-63CF-361820EB86F2...

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