12.- "AZARÍAS" (Francisco Rabal)
Francisco Rabal supo encarnar de forma extraordinaria el personaje principal de la novel de Miguel Delibes, ese personaje que a la chita callando acaba arrastrando y convirtiéndose en el eje de toda la historia.
Azarías es un hombre sin crueldad y que con sus palabras al decir "milana bonita, milana bonita" marca un ritmo a la historia. Es hermano de Régula, y trabajaba en la Jara pero lo echaron de allí. Tiene setenta y un años, pero él siempre dice tener "uno mas que su señorito". Viste siempre con la misma ropa, con los pantalones de pana por las corvas, la bragueta sin botones, y con los pies descalzos. Con su boca desdentada decía cosas ininteligibles y a veces parecía masticar la nada. Tenía por costumbre orinarse las manos para que no se le agrietaran por el frío. Tiene un amor extraordinario a los pájaros que va cuidando, también tiene una extraña afectividad a la Niña Chica.
No sólo gracias a la pluma del escritor, Francisco Rabal consiguió elevar a los altares a este personaje inolvidable, mucho se lo debe a Juan Flores, el inculto campesino extremeño cuyo personaje encarnó magistralmente Paco Rabal en Los santos inocentes, en uno de los grandes papeles de la carrera del actor y que le valdría el premio a la mejor interpretación en el Festival de Cannes.
Rabal convivió con Flores, apodado Barrunta, durante varios meses antes de rodar la película. Su objetivo era ir emulando día a día todos sus gestos, sus costumbres -tan rudas como humildes y honestas-, sus andares brutos o su vozarrón apenas inteligible. El intérprete aprendió del labriego que orinarse en las manos no era ni mucho menos tan despreciable, porque aliviaba el dolor que produce el frío extremeño de madrugada o las heridas de las largas jornadas de trabajo en el campo. Quizá esta anécdota haya pasado a categoría de la mano del escritor Miguel Delibes, quien escribió una obra realista, reforzada luego con la película de Mario Camus, donde describía con acierto la servidumbre de muchos campesinos extremeños, que trabajan en el cortijo para los señoritos llegados de Madrid a pasar sus días de asueto y disfrutar de las jornadas de caza tan abundantes en Extremadura.

El personaje de Azarías en Los santos inocentes no sólo le sirvió a Rabal para entablar una gran amistad con Flores, sino que el papel significó un punto de inflexión en su madurez como actor. Desde entonces, su carrera iría de éxito en éxito hasta su muerte.
El actor murciano se implicó tanto con el personaje que incluso le compró a Flores su viejo pantalón de pana, con la bragueta sin botones, su roída chaqueta y su vieja camisa, no teniendo que desembolsar nada por los zapatos porque simplemente no los llevaba nunca. De día o de noche, jornada tras jornada, ésta era la misma vestimenta, sin cambios, sin recambios, sin limpieza regular salvo cuando su hermana Régula -mujer también vasta, pero con modales, y que se encargaba de la servidumbre de la marquesa y sus hijos- acertaba a lavarlas. Habitualmente, ello tenía lugar cuando el olor era ya tan insoportable que terminarían echando a Azarías de la Jara (en la ficción, no en la vida real) por falta de higiene.
En la vida real, Juan Flores -que jamás fue al cine- sólo se puso delante del televisor una vez para ver una película, ésa donde Paco Rabal le interpretaba con sus hipérboles quizá no tan exageradas, mostrando al gran inocente de mirada tierna y noble, aquel que trabajó en el campo desde los cinco años hasta que, prácticamente, falleció. Sólo cinco años antes tuvo la oportunidad de jubilarse, aunque para entonces su mejor interpretación ya había terminado.
Falleció en la localidad pacense de Alburquerque, su pueblo natal, en agosto del 2008, pero un trozo de su vida ha quedado para siempre gracias al trabajo de Paco Rabal.
Firmado por: "Reverendo" Harry Powell