Una de las obras maestras del gran Saul Bass, uno de los grandes, si no el más grande del género. Con la electrizante música del no menos grande Bernard Herrmann, estos hipnóticos títulos sirven como preludio perfecto a la película, y ya desde el primer plano nos van introduciendo en la obsesiva mente del protagonista. Elementos como el uso del color rojo, el rostro de una mujer o su ojo, sirven al autor como metáfora de los impulsos primarios y la mente interior, mientras que las espirales girando que se van sucediendo a lo largo de la pieza cobran un doble sentido, por un lado describen el vértigo y la falta de control que representa, y por otro, la obsesión por el peinado de Madeline, la mujer que desencadena toda la trama, que persigue al desdichado protagonista.
Una obra maestra.
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