Último trabajo del gran Saul Bass en tandem con Alfred Hitccock -al parecer la disputa por la autoría de la escena cumbre de la película, la de la ducha, fue la culpable de la ruptura creativa entre ambos-, esta mítica secuencia de créditos es otro de los grandes ejemplos de la maestria de su autor. Creados "a mano" a base de barras metálicas pintadas que se iban moviendo delante del objetivo para crear las distintas animaciones, estos frenéticos títulos transmiten de forma magistral la psicopatología del personaje protagonista, Norman Bates. Mediante la fragmentación de los títulos principales y la absoluta sincronía de las barras animadas que van apareciendo de forma alterna horizontal o verticalmente con la música del gran Bernand Hermann, su autor consigue sugerir toda la agresividad y la furia patológica que se desprende de la tama de la película.
Una obra maestra.
- Inicie sesión o regístrese para enviar una crítica


