De todos los títulos de crédito de la larga saga de James Bond, quizás sean estos los más famosos y reconocidos, entre otras razones, porque es en esta secuencia donde Robert Brownjohn, diseñador que se encargó del proyecto -aunque se suele atribuir este trabajo al mítico Maurice Binder, en realidad fue este semidesconocido diseñador el que realizó la secuencia-, fijo varios de los elementos icónicos de prácticamente todas las secuencias de créditos de las películas de Bond: fondos oscuros, cuerpos de mujeres, erotismo más o menos disimulado, siluetas (con imágenes proyectadas o no en ellas), pistolas y una canción como leit-motiv de la película, en este caso, la también muy recordada canción de Shirley Baseey.
Una excelente secuencia, simple y muy efectiva.
Muy buenos.
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